🌘 Oscuridad

(Basado en un testimonio)

 

Hacía mucho frío en mi habitación, solo tenía puesto un saco delgado blanco con rojo y unos jeans sueltos, mi cabello largo y despeinado; como es mi costumbre después de almuerzo me puse de pie frente a la ventana de mi apartamento que daba hacia la calle y pasaba tiempo observando a la gente caminar de un lado para el otro, cada quien ensimismado en su propio mundo, de repente el tiempo se detuvo, ahí estaba ella, alta, con su cabello largo y negro, ropa de cuero negro y una botas rojas que combinaban a la perfección con sus labios.


Seguí cada uno de sus pasos con la mirada hasta que la perdí de vista, se veía tan misteriosa, tan seria, tan perfecta que empecé a obsesionarme con ella, y esperaba siempre que pasara a la misma hora para verla, la espera me mataba, hasta que por fin la veía, pensaba en bajar corriendo y hablarle, preguntarle su nombre, su número, pero no encontraba la valentía suficiente para hacerlo. Pero un día, un día soleado, la vi venir caminando despacio con un hermoso vestido rojo que resaltaba su figura, se veía tan hermosa, que no resistí la ganas de preguntar su nombre. Salí corriendo tan rápido como podía desde el quinto piso del edificio para alcanzar a llegar abajo e interceptarla antes de que cruzara la esquina y desapareciera, corría y mis ganas de hablarle ya eran más fuerte que mi pena. ¡- Hola!!! ¡Oye!!, grite desde lejos mientras temblaba y le sonreía, por mi mente pasaban una y mil posibilidades, mas malas qué buenas, pero ella se dio vuelta, mi miro fijamente, me sonrió y me dijo – Hola!! Con una voz suave y dulce, como si me conociera de siempre o como si supiera que todos los días la miraba desde mi ventana.

 

Valentina y yo conversamos por un rato en un café muy cerca de mi apartamento, por unos treinta minutos, luego de una amena conversación, ella me dijo que tenía una reunión con unos amigos y me pregunto que si me gustaría acompañarla, concretamos el día y la hora y nuestro punto de encuentro. Llegue saltando de felicidad de nuevo a mi habitación, aún no lo podía creer. Todo había fluido de una manera tan mágica. Quería que llegara el día acordado para volver a vernos.

 

Entramos en una casa con una fachada muy muy vieja y una energía muy fuerte, se sentía un frío penetrante que recorría todo mi cuerpo, no sabría explicar que era lo que en realidad sentía, era un mar de emociones en un barrio en el centro de la ciudad, había muchas personas vestidas de negro con grandes capotas, por un momento pensé que era algún tipo de fiesta temática o un alguna celebración especial para ellos, ella notó mi miedo y me tomo de las manos, me miro y me dijo quédate, no te vayas, pero prepárate para lo que verás. Era un comedor gigante con una mesa muy muy grande, había muchas personas con capotas negras alrededor de la mesa, no hicimos alrededor de la misma, nos tomamos con los otros de las manos, todos hablaban y murmuraban cosas en lo que yo pensé que eran otras lenguas, lo que me impacto totalmente fue que había una persona amordazada en el centro de la mesa, todos empezaron a recitar algo indescifrable en voz alta, y ante mi cuerpo congelado y mis ojos incrédulos empezó flotar. -Si - Era una secta satánica y ella hacía parte de ella. Me empecé a involucrar cada vez más, a aprender, a conocer, a investigar. Conocí al superior de la secta y me ofreció un trato muy tentador que no pude rechazar. Me dijo que si ofrecía mi alma al diablo me daría habilidades sobrenaturales, que aprendería hablar diferentes lenguas y a leer las mentes de las personas. Efectivamente, así fue, vendí mi alma y empecé a crecer en la secta y cada día ganaba más y más y poder en todo sentido. Pero entre más me sumergía en ese mundo, más me perdía a mi mismo.  

 

Hacía mucho frío en mi habitación, solo tenía puesto un saco delgado negro y unos pantalones de cuero, mi cabello largo y despeinado; como es mi costumbre después de almuerzo me puse de pie frente a la ventana de mi apartamento que daba hacia la calle y pasaba tiempo observando a la gente caminar de un lado para el otro, cada quien ensimismado en su propio mundo, mientras yo leía sus mentes. De repente el tiempo se detuvo, ahí estaba ella, bajita con su cabello corto rubio, un vestido blanco y unos tenis blancos. Seguí cada uno de sus pasos con mi mirada hasta que la perdí de vista, pero por más que lo intentaba no podía entrar en su mente. Se veía tan pura, tan sana, tan perfecta que empecé a obsesionarme con ella, y esperaba siempre que pasara a la misma hora para verla, la espera me mataba… ¿Pero qué pensaría valentina si se enterara de esto? … ¡Hola!!! Oye!!, grite desde lejos mientras temblaba y le sonreía, por mi mente pasaban una y mil posibilidades, ¿porque no podía leer su mente? ¿qué la hacía impenetrable? ¡Ella se dio vuelta, mi miro fijamente, me sonrió y me dijo – Hola!! Con una voz suave y dulce, como si me conociera de siempre o como si supiera que todos los días la miraba desde mi ventana.

 

Maria y yo conversamos por un rato en un café muy cerca de mi apartamento, por unos treinta minutos, luego de una amena conversación, ella me dijo que iría a un lugar muy especial para ella y me pregunto que si me gustaría acompañarla, concretamos el día y la hora y nuestro punto de encuentro. Llegue saltando de felicidad de nuevo a mi habitación, aún no lo podía creer. Todo había fluido de una manera tan mágica. Quería que llegara el día acordado para volver a vernos.

 

Caminos por una calle llena de familias que caminaban todos aparentemente hacia el mismo lugar, cuando estábamos al frente del lugar, quede paralizado, mis nervios se notaron demasiado, estábamos al frente de una iglesia, yo me negaba a entrar, pero ella me agarró la mano y me dijo quédate, ahora sabia porque no podía leer su mente, tenía una conexión muy fuerte con Dios. Intente entrar, pero cada pasa se sentía como si mi cuerpo ardiera, no aguante y salí corriendo. Tenía encima de mi espalda todo un año de pecados e injurias.

 

¿Por qué saliste corriendo? ¿Qué pasa? Cuéntame la verdad, por favor, en realidad me importas y sea lo que sea estoy dispuesta a ayudarte. Pues bien, lo hice, le Conté la verdad. La paz, el amor y la seguridad que ella me trasmitía con cada uno de sus abrazos me hacía querer cambiar, querer salir del agujero oscuro en el que me encontraba y que me consumía a cada segundo. Termine con valentina y entre más me acercaba a María, más me alejaba de Val.

 

-        Hijo mío, Dijo el padre después de un exorcismo mayor, es más complicado de lo que pensé, porque una cosa es cuando un espíritu entra a tu cuerpo sin tu permiso, pero otra es cuando ofreces voluntariamente tu alma al diablo.

 

Después de varias tortuosas y desagradables sesiones, el padre nos comentó a María y a mí que la misión estaba siendo imposible y que el demonio no quería dejarme ir. El padre luchó con todas sus fuerzas contra el demonio en lo que sería el último exorcismo, pero definitivamente el padre no logro ganarle al enemigo, como lo denominaba él, entonces rendido me miro con mucha tristeza y misericordia y dos lágrimas brotaron de sus ojos. Cuando cayeron en mi cuerpo, sentí como el amor infinito de Dios me perdono por mis pecados y me libero de aquella maldita oscuridad.

 

Hacía mucho frío en mi habitación, solo tenía puesto una camisa blanco y unos jeans, como es mi costumbre, después de almuerzo me puse de pie frente a la ventana de mi apartamento que daba hacia la calle y pasaba tiempo observando a la gente caminar de un lado para el otro, cada quien ensimismado en su propio mundo, de repente el tiempo se detuvo… 

                                                                                                    

EMEBE

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